sábado, 2 de julio de 2011

PENSAMIENTO EDITORIAL

EL GO COMO TÁCTICA DE COMBATE

Habría que considerar un ejemplo limitado, comparar la máquina de guerra y el aparato de Estado según la teoría de los juegos. Veamos, por ejemplo, el ajedrez y el go, desde el punto de vista de las piezas, de las relaciones entre las piezas y del espacio concernido. El ajedrez es un juego de Estado o de corte, el emperador de China lo practicaba. Las piezas de ajedrez están codificadas, tienen una naturaleza interna o propoiedades intrínsecas, de las que derivan sus movimientos, sus posiciones, sus enfrentamientos. Están cualificadas, el caballo es un caballo, el alfil un alfil, el peón un peón. Cada una es como un sujeto de enunciado, dotado de poder relativo; y esos poderes relativos se combinan en un sujeto de enunciación, el propio jugador de ajedrez o la forma de interioridad del juego. Los peones del go, por el contrario son bolas, fichas, simples unidades aritméticas cuya única función es anónima, colectiva o de tercera persona. El avanza puede ser un hombre, una mujer, una pulga, un elefante. Los peones del go son los elementos de un agenciamiento maquinico no subjetivado, sin propiedades intrínsecas, sino únicamente de situación. También las relaciones son muy diferentes en los dos casos. En su medio de interioridad, las piezas de ajedrez mantienen relaciones biunívocas entre si, y con las del adversario: sus funciones son estructurales. Un peón de go, por el contrario,  sólo tiene un medio de exterioridad, o relaciones extrínsecas con nebulosas, contelaciones, según las cuales desempeña funciones de inserción o de situación, como bordear, rodear, romper. Un solo peón de go puede aniquilar sincrónicamente toda una constelación, mientras que una pieza de ajedrez no puede hacerlo ( o sólo puede hacerlo diacrónicamente). El ajedrez es claramente una guerra, pero una guerra institucionalizada, regulada, codificada, con un frente, una retaguardia, batallas. Lo propio del go, por el contrario, es una guerra sin línea de combate, sin enfrentamiento y retaguardia, en último extremo, sin batalla: pura estrategia, mientras el ajedrez es una semiología.


Fragmento del tratado de nomadología: la máquina de guerra.
En Mil Mesetas. Deleuze-Guatarí